¿Acaso no se daba cuenta del modo en que una corriente eléctrica parecía recorrer mi cuerpo como si tuviera la sangre llena de adrenalinda?
Una vez más sentí que había perdido el equilibrio, y esperé a que mi cuerpo reaccionara de un modo que ya era imposible. Mi corazón estaba ahora atronándonos de forma ensordecedora, como si fuera una máquina de vapor a punto de atropellarnos. Y mis mejillas se pusieron de un brillante color rojo.